La noche que Javiera nació, fue en una noche tormentosa, por unos minutos la luz eléctrica se fue del hospital y tuvo que salir del útero prácticamente a oscuras. EL primer sonido que llegó a sus oídos fue el de un trueno que impactó con un árbol, que en llamas alarmó a los miembros del hospital.
"Soñé que me subían arañas en la espalada, que en una total claridad, observaba a nuestra hija en un lecho de flores, jugando entretenida" Dijo María Fernanda de Resendis a su esposo, quien después del parto correría del compromiso para no volver un mes después de que Javiera naciera.
Javiera fue una niña que tuvo que ir a guardería mientras su madre trabajaba. Siendo una situación difícil, donde el país enfrentaba otra devaluación.
En este pequeño, pero hostil ambiente Javiera disfrutaba de un pequeño placer que no tenía en casa: libros para niños.
Cuando a los niños los ponían a ver el programa animado de las once, Javiera a gatas se escabullía para hurgar en aquel estante de colores, las ilustraciones y esos pequeños párrafos que dibujaban las historias que la maravillaban. “las historias que leen las madres a sus hijas pequeñas” pensaba.
Se procuró una tención especial a la niña, por parte de la escuela en ese momento.
"Imagínate, me dijeron que mi niña está loca. No, pinche vieja pendeja la que está mal es ella. Solo porque le gusta hojear los libros ya la diagnostican como “niña especial”. Claro que es especial, mi nena tiene lo que los otros niños no. Amor por los libros. Pero me va a oír mañana esa directora hija de la chingada" Decía su madre a una compañera de su trabajo, tras regresar de esa cita donde le comentaban que su hija necesitaba cuidados especiales.
A los cuatro años le decía a su madre con completa claridad: No quiero ropa mamá, quiero un libro de cuentos.
Algunas noches, si Javiera combatía el sueño que llegaba después de las diez, podía escuchar un cuento de Francisco Hinojosa, o algún capítulo del Principito que leía su madre, interpretando esas voces de villanos y de héroes.
Pero su afición a escuchar el relato terminó cuando entró a la primaria. Al aprender a leer y escribir mejor, ya no necesitó la voz de su madre.
Cuando entra al colegio, conoce a Romilda Careaga, una niña precoz y admirada del trabajo de sus padres: Contadores
En un lugar donde nacen las amistades inocentes y aquellas fraternidades primeras, Javiera y Romilda no se despegan la una de la otra. Y con los años que pasan, ambas esconden un pequeño secreto que nunca revelan: en la salida de fin de sexto año, ambas por mera curiosidad se besan a escondidas en el baño de maestros.
A pesar de que su pasión por los libros casi se borraba por completo para Javiera, Romilda le regala el día de su cumpleaños “Mal de amores” envuelto en un papel de china de color amarillo. Y la llama volvió a encenderse.
"el libro me lo dio cuando estaba escribiendo una dedicatoria en su cuaderno, me dijo que lo había robado de la biblioteca y que no pudo quitarle la etiqueta que le ponían en la portada" Dijo Javiera a Román Olveira, su vecino, en una noche de copas en su azotea un día de vacaciones de verano.
Al entrar a la secundaria (lugar donde muchos no mencionan con detalles como los trataba la vida en aquellos tiempos) cae en un eterno conflicto por saber a quién seguir, con quien estar. Desde esa ola popular de niñas que hablan de la moda y de la música que se oye en la radio, hasta los muchachos deportista que saltaban sus clases por jugar futbol a todas horas. Javiera busca su soledad durante un pequeño lapso de tiempo, refugiada en sus libros y en el poder escribir como sus autores favoritos.
Al segundo año, llega el pequeño Román Olveria. Menudo y cabizbajo, encuentra en Javiera una curiosa unión en los años de escuela.
Lo que los hizo tan amigos fue el gusto que compartían por el anime y de comprar artículos variados en las convenciones de comics. El amor al helado de pistache y comer atún todos los fines de semana llegó después para ambos.
Cierto día de abril Javiera le dijo a su compañero, mientras este se amarraba los zapatos: Sabes, creo que tú y yo nacimos del mismo padre, porque nos parecemos tanto.
La idea de ver como a una hermana a Javiera le dolía a Román en lo más profundo, pues él se había enamorado d ella tan rápidamente. Pero prefirió callar y nunca revelar ese sentimiento, hasta que fuera momento.
Su amistad se fortaleció más cuando al salir de la secundaria, la familia de Román se muda al edifico de al lado de Javiera. Ella entra a prepa 8 y él al colegio de bachilleres.
A pesar de que la belleza de Javiera en ocasiones no fue su mejor atributo, al entrar a la prepa desata a una serie de seguidores masculinos que no dejan de atosigarla.
"Mamá ni que estuviera tan buena, en la secundaria ni me pelaban, y me tiraban de fea y antisocial. Ahora parezco res con mocas" Decía Javiera a su madre a le semana de haber entrado a la escuela.
Pero un día acompaña a Román a insurgentes, ve por primera vez una escena, la cual le pareció lo más cercano al amor que se comentaban en tantos libros. Las bocas de dos mujeres juntas, mezclando su saliva y con los ojos cerrados, abrazadas en un momento estático en la memoria de Javiera.
"no mames, te juro que era un atascón enserio. No dejaban de manosearse y besarse, como si les diera gusto que la gente lo viera, y yo de pinche mirón con Javiera agarrados de la mano. La verdad si me dieron ganas de hacer eso con ella. Me cae" Dijo Román Al regresar de Canadá a su mejor amigo Ignacio Montoya.
De un día para otro, le dieron ganas de experimentar su sexualidad, de poder besar con esa pasión que vio a cualquier otra mujer que lo deseara.
Pero aquel deseo se reprime por los consejos de Román y los comentarios racistas a la comunidad homosexual que pronunciaba su madre cada vez que Javiera preguntaba sobre el tema, pretendiendo estar despreocupada.
Tiene un par de novios, normalmente escogidos por algún descuido o algún malentendido por Javiera. Se le ponen varias propuestas de terminar esas citas en suculentos acostones, pero los rechaza al igual que un rey a un mal bufón.
Se refugia en sus libros nuevamente como en su niñez, con el fin de no volver a lidiar con las citas heterosexuales y esperar ansiosa ese momento en el cual despierte de nuevo esa pasión escondida hacía ese lado lésbico.
Al cumplir los dieciocho Román; hasta ahora su mejor amigo de años, la única persona en la que podía confiar. Le confiesa su amor después de tanto tiempo. Cosa que marca la amistad entre Javiera y Román.
-¿porqué no me lo dijiste antes?
- no lo sentía.
-Mientes. Te gustaba desde la secundaria.
-Pero ahora te amo. Y lo sabes.
-Tú no sabes lo que es amar.
-¿Y tú sí? Solo porque viste a esas viejas en zona rosa piensas que eso es lo que necesitas.
-Solo porque he estado contigo cuando nadie te quería y necesitaba ya crees amarme. ¡Tú no sabes lo que necesito, nadie lo sabe!
Ester lágrimas Javiera despide a Román con un fatal “No quiero verte de nuevo en mi vida”. Dos días después Román se muda a Nuevo León y Javiera no vuelve a saber de él.
Ahora (2 años después) Javiera sale de casa subiendo a un camión de mudanzas que le pagó su madre hacia su nuevo hogar. Lleva en el brazo aquel libro de Ángeles Mastreta y un atrapa sueños que le regalo Román aquel día de su cumpleaños.
"Soñé que me subían arañas en la espalada, que en una total claridad, observaba a nuestra hija en un lecho de flores, jugando entretenida" Dijo María Fernanda de Resendis a su esposo, quien después del parto correría del compromiso para no volver un mes después de que Javiera naciera.
Javiera fue una niña que tuvo que ir a guardería mientras su madre trabajaba. Siendo una situación difícil, donde el país enfrentaba otra devaluación.
En este pequeño, pero hostil ambiente Javiera disfrutaba de un pequeño placer que no tenía en casa: libros para niños.
Cuando a los niños los ponían a ver el programa animado de las once, Javiera a gatas se escabullía para hurgar en aquel estante de colores, las ilustraciones y esos pequeños párrafos que dibujaban las historias que la maravillaban. “las historias que leen las madres a sus hijas pequeñas” pensaba.
Se procuró una tención especial a la niña, por parte de la escuela en ese momento.
"Imagínate, me dijeron que mi niña está loca. No, pinche vieja pendeja la que está mal es ella. Solo porque le gusta hojear los libros ya la diagnostican como “niña especial”. Claro que es especial, mi nena tiene lo que los otros niños no. Amor por los libros. Pero me va a oír mañana esa directora hija de la chingada" Decía su madre a una compañera de su trabajo, tras regresar de esa cita donde le comentaban que su hija necesitaba cuidados especiales.
A los cuatro años le decía a su madre con completa claridad: No quiero ropa mamá, quiero un libro de cuentos.
Algunas noches, si Javiera combatía el sueño que llegaba después de las diez, podía escuchar un cuento de Francisco Hinojosa, o algún capítulo del Principito que leía su madre, interpretando esas voces de villanos y de héroes.
Pero su afición a escuchar el relato terminó cuando entró a la primaria. Al aprender a leer y escribir mejor, ya no necesitó la voz de su madre.
Cuando entra al colegio, conoce a Romilda Careaga, una niña precoz y admirada del trabajo de sus padres: Contadores
En un lugar donde nacen las amistades inocentes y aquellas fraternidades primeras, Javiera y Romilda no se despegan la una de la otra. Y con los años que pasan, ambas esconden un pequeño secreto que nunca revelan: en la salida de fin de sexto año, ambas por mera curiosidad se besan a escondidas en el baño de maestros.
A pesar de que su pasión por los libros casi se borraba por completo para Javiera, Romilda le regala el día de su cumpleaños “Mal de amores” envuelto en un papel de china de color amarillo. Y la llama volvió a encenderse.
"el libro me lo dio cuando estaba escribiendo una dedicatoria en su cuaderno, me dijo que lo había robado de la biblioteca y que no pudo quitarle la etiqueta que le ponían en la portada" Dijo Javiera a Román Olveira, su vecino, en una noche de copas en su azotea un día de vacaciones de verano.
Al entrar a la secundaria (lugar donde muchos no mencionan con detalles como los trataba la vida en aquellos tiempos) cae en un eterno conflicto por saber a quién seguir, con quien estar. Desde esa ola popular de niñas que hablan de la moda y de la música que se oye en la radio, hasta los muchachos deportista que saltaban sus clases por jugar futbol a todas horas. Javiera busca su soledad durante un pequeño lapso de tiempo, refugiada en sus libros y en el poder escribir como sus autores favoritos.
Al segundo año, llega el pequeño Román Olveria. Menudo y cabizbajo, encuentra en Javiera una curiosa unión en los años de escuela.
Lo que los hizo tan amigos fue el gusto que compartían por el anime y de comprar artículos variados en las convenciones de comics. El amor al helado de pistache y comer atún todos los fines de semana llegó después para ambos.
Cierto día de abril Javiera le dijo a su compañero, mientras este se amarraba los zapatos: Sabes, creo que tú y yo nacimos del mismo padre, porque nos parecemos tanto.
La idea de ver como a una hermana a Javiera le dolía a Román en lo más profundo, pues él se había enamorado d ella tan rápidamente. Pero prefirió callar y nunca revelar ese sentimiento, hasta que fuera momento.
Su amistad se fortaleció más cuando al salir de la secundaria, la familia de Román se muda al edifico de al lado de Javiera. Ella entra a prepa 8 y él al colegio de bachilleres.
A pesar de que la belleza de Javiera en ocasiones no fue su mejor atributo, al entrar a la prepa desata a una serie de seguidores masculinos que no dejan de atosigarla.
"Mamá ni que estuviera tan buena, en la secundaria ni me pelaban, y me tiraban de fea y antisocial. Ahora parezco res con mocas" Decía Javiera a su madre a le semana de haber entrado a la escuela.
Pero un día acompaña a Román a insurgentes, ve por primera vez una escena, la cual le pareció lo más cercano al amor que se comentaban en tantos libros. Las bocas de dos mujeres juntas, mezclando su saliva y con los ojos cerrados, abrazadas en un momento estático en la memoria de Javiera.
"no mames, te juro que era un atascón enserio. No dejaban de manosearse y besarse, como si les diera gusto que la gente lo viera, y yo de pinche mirón con Javiera agarrados de la mano. La verdad si me dieron ganas de hacer eso con ella. Me cae" Dijo Román Al regresar de Canadá a su mejor amigo Ignacio Montoya.
De un día para otro, le dieron ganas de experimentar su sexualidad, de poder besar con esa pasión que vio a cualquier otra mujer que lo deseara.
Pero aquel deseo se reprime por los consejos de Román y los comentarios racistas a la comunidad homosexual que pronunciaba su madre cada vez que Javiera preguntaba sobre el tema, pretendiendo estar despreocupada.
Tiene un par de novios, normalmente escogidos por algún descuido o algún malentendido por Javiera. Se le ponen varias propuestas de terminar esas citas en suculentos acostones, pero los rechaza al igual que un rey a un mal bufón.
Se refugia en sus libros nuevamente como en su niñez, con el fin de no volver a lidiar con las citas heterosexuales y esperar ansiosa ese momento en el cual despierte de nuevo esa pasión escondida hacía ese lado lésbico.
Al cumplir los dieciocho Román; hasta ahora su mejor amigo de años, la única persona en la que podía confiar. Le confiesa su amor después de tanto tiempo. Cosa que marca la amistad entre Javiera y Román.
-¿porqué no me lo dijiste antes?
- no lo sentía.
-Mientes. Te gustaba desde la secundaria.
-Pero ahora te amo. Y lo sabes.
-Tú no sabes lo que es amar.
-¿Y tú sí? Solo porque viste a esas viejas en zona rosa piensas que eso es lo que necesitas.
-Solo porque he estado contigo cuando nadie te quería y necesitaba ya crees amarme. ¡Tú no sabes lo que necesito, nadie lo sabe!
Ester lágrimas Javiera despide a Román con un fatal “No quiero verte de nuevo en mi vida”. Dos días después Román se muda a Nuevo León y Javiera no vuelve a saber de él.
Ahora (2 años después) Javiera sale de casa subiendo a un camión de mudanzas que le pagó su madre hacia su nuevo hogar. Lleva en el brazo aquel libro de Ángeles Mastreta y un atrapa sueños que le regalo Román aquel día de su cumpleaños.

n_n me topé con tu blog y me gusto mucho entretenerme con tus historias, me gustaria leer otra.
ResponderEliminarKarla Sánchez
ResponderEliminar19 años
amkia_696@yahoo.es
Jocelyn García Contreras
ResponderEliminar17 años
yoshi_emoshi@hotmail
Ivette Gámez
ResponderEliminar19 años
moijemapelleivette@hotmail.com